Una de las dudas más habituales en la educación de los hijos es cuánto implicarse. Demasiado, y se vuelven dependientes. Muy poco, y se desenganchan. La respuesta no es la misma a los 8 que a los 16.
En primaria
- Acompañar más, especialmente en establecer hábitos de estudio.
- Estar presente al hacer deberes pero sin resolverlos.
- Convertir parte del aprendizaje en juego (juegos de habilidad encajan aquí).
En secundaria
- Bajar el control directo y subir el control por objetivos: revisar resultados de exámenes y conversar.
- Mostrar interés sin agobio. La frase "¿qué tal el examen?" todos los días desconecta.
- Apoyar en organización (calendario de exámenes, técnicas de estudio) más que en contenido.
En bachillerato y universidad
- Estar disponible cuando preguntan, no presionar cuando no.
- Confiar en que han desarrollado sus propias estrategias.
- Hablar de futuro con preguntas abiertas, no con expectativas cerradas.

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